lunes, 22 de junio de 2009

Fiesta fin de curso

En la madrugada del viernes, se celebró la fiesta de fin de curso escolar, en la que montañas de pizzas fueron deboradas por grandes y pequeños, como si en ello les fuera la noche. Deleitados además los concurrentes, con la música popular de un celebre pincha local, animados luego los fiesteros, por los espirituosos -por otra parte ya habituales-, los de la paleta local aprovecharon para colarse y despedir, todo hay que decirlo, de muy malas maneras, al que hasta ahora era el presidente de la asociación, con un simpático apretón de manos, y un eufemístico hasta luego, que bien podría traducirse como: "vete a Villadiego, chaval".
Y eso no se puede permitir.
Porque, siendo un niño, tuvo un sueño ... y nada fue igual que lo que soñó.
Soñó que podría gobernar el mundo ... y le distéis la patada.
Soñó con dormir en colchones de dinero ... y le cerrastéis el grifo.
Soñó en organizar campeonatos superpro ... y le enseñastéis el EXIT
Soñó con Leire Pajín y su conjunción planetaria ... y le dejastéis su foto y una canica.
Todo un año llenando la saca y ¿para qué?
para poner a otro que ocupe su lugar. Alguien. Quien sea. Deleznable, en una palabra.
¿Qué se lleva a cambio? -sin contar con la casa de verano en Isla, la visa oro con gastos de representación, los pases vip en carreras motociclísticas, eventos automovilísticos y encuentros futbolísticos de postín, el avión privado con la Hilton y los masajes, no tan privados, ancá Pura-, nada. Nada, eso es, no se lleva nada.
Porque, ¿qué significa la amistad y el cariño, de unos cuantos insurrectos -adictos al apareamiento compulsivo; desbocados -y proclives a devoluciones inverosímiles; y enloquecidos -transmutándose en perversos jugadores de acción?. Nada, no significa nada.
Así que, de su parte diré, lo que parecía oculto, pero se sospechaba: que el negro es el de la serranía, que el lo organizó todo desde el principio: primero buscó papeles e hizo contratos; luego reunió dineros; y mas tarde -en el colofón-, inundó la villa de papeles anunciadores de lo que fue la primera gran fiesta lapora, involucrando -hasta el extremo de sellar un pacto de sangre-, a la doncella de sus ojos, a la que primero mando visitar al alcaide -para que con sus parabienes convencerlo- y luego ordenó que engañara al resto de las damas -para que, con su lengua viperina-, nutrieran de viandas, bebidas y excesos, a los jugadores del olis.
Por último también me dice, que os de las gracias por todo, a todos los invitados: a los repes, porque están siempre ahí; a los juligans por ser un matrimonio con hijos y sin otro por venir; a los mivens, por su generosidad sin fondo; a los jatos, por ser los jatos; a los césares, porque de ellos es el reino de los cielos; a los piters porque siempre tienen una sonrisa y un poquito de ron y te ries y te vuelves a reir; a los coletos porque ya no tienen un secreto, pero son un modelo a seguir; a los amadeosalicianos, por mantener la cantera y mantener la cantera; a los carrsandanthonis, por dar guerra y paz y por dar paz y guerra; a los cucsandbertos, por su exquisita deportividad y por sus jocosas manifestaciones; a los jotadés, por no hacer del pádel un pasado infinito sino un presente de indicativo; a los jotamaus, por su juego y por su título; y al resto de fieras humanas por estar ahí ahora y en el futuro: Guille, Enrique, Benja, Diego, Javier, Jose, Julio y César.
Me dice por fin que me falta uno: el que tiene la espalda muy ancha, el pañuelo doblado, el corazón de colores, la canción en el rio, en la mano los campos y en el alma la mar brava.
Gracias también a la esperanza de su vida, por su tiempo y por su amor; y a los pequeños diablillos -los Carric-, por soportarlo.
Un beso y adiós.

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